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Senescencia celular

Senescencia celular En 1999, Jan M. van Deursen y sus colaboradores en la Clínica Mayo de Rochester, en Minnesota, querían comprobar si los cromosomas con alteraciones profundas causaban cáncer. Diseñaron ratones que carecían de una proteína que ayuda a mantener la integridad cromosómica. Aunque las cadenas de ADN de los roedores se vieron dañadas, de modo sorprendente, los animales no presentaron una mayor tendencia a sufrir tumores. En su lugar, padecieron una extraña mezcla de anomalías, entre ellas, cataratas, reducción de la masa muscular, adelgazamiento rápido de la grasa bajo la piel y curvatura espinal progresiva, lo que les hizo asemejarse a dromedarios. Además, tendían a fallecer jóvenes.

Van Deursen desconocía la causa de esos trastornos. Pero en 2002 leyó un informe sobre ratones que sufrían un envejecimiento acelerado y quedó impactado por las fotografías. En ellas se observaba que la espalda de los animales se encorvaba conforme envejecían. De repente, cayó en la cuenta: los ratones con los que él había trabajado también envejecían muy deprisa. En un estudio más exhaustivo, el equipo de Mayo descubrió que las células de varios tejidos de los roedores habían pasado de forma prematura a un estado de senescencia celular, en el que las células pierden para siempre la capacidad de dividirse y adquieren otras anomalías. Esta falta de división celular explicaría las alteraciones en los huesos, músculos, ojos y piel observadas por el grupo de Van Deursen.

En síntesis

Antes se suponía que las células senescentes (que han perdido la capacidad de dividirse) contribuían al envejecimiento al minar la reparación de los tejidos. Se creía que estas entraban en senescencia para evitar volverse cancerosas cuando el daño las ponía en riesgo de proliferar de forma incontrolada.

Más tarde, la idea de que las células senescentes desempeñan un papel en el envejecimiento de los tejidos y los organismos cayó en descrédito. Sin embargo, ahora la idea ha vuelto a ganar fuerza.

Las nuevas investigaciones indican que las células pueden contribuir al envejecimiento del modo propuesto inicialmente y estimulando también la inflamación. Además, pueden dañar las células de su alrededor y fomentar así el cáncer.

Algunos estudios con ratones indican que retrasar la senescencia celular ayudaría a frenar el envejecimiento y a posponer algunas de las enfermedades asociadas a él.

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