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Quimioterapia y bioquímica: las mejores armas contra el cáncer

Quimioterapia y bioquímica: las mejores armas contra el cáncer Las células cancerosas son extremadamente parecidas a las células sanas. Ambas tienen una estructura jerárquica que las divide en células madre, que son pocas en número y se reproducen muy lentamente, y células progenitoras, producidas por las células madre. Estas últimas se reproducen a gran velocidad, y generan los millones de células que el cuerpo necesita cada día: están en el cabello, en la piel, en los tejidos, en las paredes del intestino y del estómago, en los glóbulos blancos y en los rojos, etcétera.

Y aquí radica precisamente el problema: las células cancerosas son tan similares a las células progenitoras que un tratamiento de quimioterapia no es capaz de diferenciar entre ellas. Las ataca a todas de una vez, tal y como explica el profesor Andreas Trumpp, director del Departamento de Células Madre del Centro de Investigación contra el Cáncer de Heidelberg: “Por esta razón no solo mueren las células cancerosas, sino también un buen número de células progenitoras. De ahí que al paciente se le caiga el cabello, sufra diarrea y anemia.”

Las células madre, al reproducirse de forma mucho más lenta, no resultan afectadas por la quimioterapia. De este modo, el cuerpo consigue regenerarse una vez acabado el tratamiento. Lamentablemente, cada tumor contiene también células madre cancerosas, igualmente capaces de sobrevivir a la quimioterapia. Su proceso de reproducción es también muy lento, incluso se habla de células “dormidas”. Estas células pueden no obstante llegar a todas las partes del cuerpo a través de la sangre y producir nuevos cánceres: esto es lo que se conoce como metástasis. El proceso puede durar meses o años, y la mayoría de las veces es incurable.

Como una bomba

Para eliminar un cáncer, por tanto, se deben eliminar estas células madre cancerosas. Un método para ello es, paradójicamente, despertarlas y forzarlas a reproducirse. Durante este proceso, la quimioterapia puede atacarlas; pero por el otro lado, existe el riesgo de activar un cáncer hasta entonces dormido. Pero esperar sin hacer nada tampoco ayuda, dice el doctor Trumpp: “Es comparable a una mina enterrada de la Segunda Guerra Mundial. La pregunta es: ¿es preferible dejarla en paz y rezar para que no cause víctimas, o detonarla en un entorno controlado?”
Además de la quimioterapia, también se puede combatir el cáncer con bioquímica, previniendo la reproducción de las células. Para que una célula se reproduzca, primero debe duplicar su cadena de ADN. Este proceso se puede detener con ciertas sustancias, que en última instancia acaban con la célula madre.
Dejar al cuerpo que actúe por sí mismo
Otra posibilidad de terapia bioquímica es dejar que el mismo organismo se defienda de las células cancerosas mediante el sistema inmunológico. Esta tarea la llevan a cabo los llamados linfocitos T, o células T, tal y como explica Dirk Jäger, director del Departamento de Oncología del Centro Nacional de Enfermedades Tumorales, en Heidelberg: “Estos linfocitos T identifican determinadas estructuras proteínicas en las células cancerosas y reaccionan específicamente contra estas células eliminándolas.”
Oncólogo Dirk Jäger.
No obstante, el sistema inmunológico de pacientes de cáncer no es lo suficientemente fuerte como para defenderse por sí mismo. Por eso, se intenta vacunar a los pacientes para impulsar la creación de linfocitos T. Pero las células tumorales también desarrollan estrategias para defenderse de los linfocitos T: se camuflan y emiten sustancias que obstaculizan la labor del sistema inmunológico.
La combinación de terapia bioquímica y quimioterapia es especialmente efectiva en el tratamiento contra el cáncer. La quimioterapia modifica la estructura tumoral, y consigue con ello hacer visibles las células cancerosas para el sistema inmunológico.

Las expectativas son buenas, pero los médicos siguen trabajando en los laboratorios para evitar potenciales efectos secundarios en la medida de lo posible. Cada cáncer es diferente de los demás, y lo que para uno puede funcionar, para otro puede resultar nocivo. La investigación avanza, pero aún queda mucho por hacer.

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