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La oncología de hoy y de ayer

La oncología de hoy y de ayer Cuando un médico dice que quiere especializarse en oncología clínica, el resto le levanta una ceja. Un sorprendido “¿en serio?” se puede leer en sus ojos. A mí me pasó. No digo que no lo entienda. No suena tan espectacular como ser cirujano cardiovascular. Ni es una especialidad que aparezca en Anatomía de Grey. Y seamos sinceros, Wilson no es precisamente el héroe de la serie House. Incluso muchas universidades aparcan la enfermedad que es causa principal de muerte en la mayor parte del mundo como una asignatura optativa que pasa sin pena ni gloria durante los cuatro años de estudio. A veces, todavía se percibe al oncólogo como el médico que aplica curas paliativas y ve morir gente día sí y día también sin poder hacer demasiado, impotente.

Nada más lejos de la realidad

Hace pocos días se celebró el examen MIR que cerraba un año de penas y esfuerzos para los nuevos médicos de este año; más aún si tenemos en cuenta las difíciles perspectivas laborales. Y dos días más tarde llegó el día mundial del cáncer. La unión de estos dos eventos me lleva aquí a intentar reivindicar la figura del oncólogo para los residentes. Porque hacemos medicina clínica, sí, esta es nuestra misión. Porque también somos investigadores, sí. Sin ninguna duda, la oncología es de las especialidades en que más investigación clínica y traslacional se hace, empezando durante la residencia. Porque salvamos vidas, sí, cada día más.

La oncología es una especialidad rápidamente evolutiva. No estamos retrocediendo demasiado si hablamos de unos diez tratamientos de quimioterapia para todos los tipos de tumores, de cirugías mucho más agresivas, de tratamientos de radioterapia menos selectivos y, lo peor de todo, de una tasa de mortalidad del 70%. Hoy en día, más del 60% de los enfermos diagnosticados de cáncer se curan y este porcentaje no para de aumentar. El conocimiento molecular de la enfermedad y de las características diferenciales entre los diferentes tipos de tumores ha propiciado el que se hayan desarrollado tratamientos médicos altamente selectivos con más de un centenar de fármacos en la actualidad aprobados o en fase de aprobación. La incidencia de la enfermedad, por muchos motivos, aumenta gradualmente, sin embargo la mortalidad disminuye progresivamente. Sin ninguna duda, esta es una enfermedad altamente incidente, que vamos a diagnosticar cada día pero que también vamos a curar mucho más.

Es por ello que cada día son más las instituciones, fundaciones o personas individuales que apuestan por favorecer la investigación oncológica. Los medios de comunicación hacen eco continuo de ello porque ninguna enfermedad afecta a tanta gente a estos niveles. Toda la sociedad en general está pendiente de los nuevos avances pues pueden significar un cambio clave para las personas afectadas de su alrededor: familiares, seres queridos, amigos,… La recaudación de la última maratón contra el cáncer de TV3, que alcanzó cifras récord a nivel mundial (más de 10 millones de euros), no deja de ser un indicio del alcance del compromiso de nuestra sociedad con los enfermos de cáncer y con el avance del conocimiento y de la lucha de esta enfermedad.

Y es que ya no se entiende el oncólogo clínico sin la investigación. Los grandes avances se están midiendo por meses. Estamos trabajando en el genoma de cada tumor individual para diseñar tratamientos completamente personalizados para cada paciente. Pequeños avances de oncólogos, casi ridículos si los miramos por separado, pero conjuntamente un gran potencial de conocimiento que nos ha permitido encontrar tratamientos y medicamentos más eficaces, más implacables, menos tóxicos e invasivos. Ya podemos hablar del cáncer por su nombre porque, por primera vez, conocemos al enemigo y éste es el primer paso para la curación. Pero aún falta mucho camino por recorrer, un desafío intelectual cada día más complejo que crece y crece con cada nuevo tumor descubierto o cada fármaco testado. A veces creemos que cuanto más aprendemos sobre el cáncer más cerca estamos de conocerlo en su totalidad. Sin embargo, estamos abriendo más vías de conocimiento y más campos de investigación que darán que pensar a los oncólogos durante mucho años.

El nuevo residente de oncología médica debe entender desde el primer año la importancia de compaginar la asistencia clínica con la investigación. Es lo que esperamos de ellos. Biología molecular. Farmacología. Diagnóstico. Estudios clínicos con pacientes. Y todo ello de la mano de oncólogos médicos, radioterapeutas, cirujanos, anatomopatólogos, farmacéuticos y otros profesionales clave tanto para el diagnóstico como para el tratamiento de la enfermedad.

¿Es una residencia fácil? Al contrario. La residencia de oncología requiere rigor, esfuerzo y talento, precisamente porque depende de nosotros que el cáncer deje de hacer estragos y llegue el momento en que se convierta en una enfermedad curable o en el peor de los casos cronificada. Ya hemos recorrido una parte importante del camino. El resto dependerá de los nuevos doctores, aquéllos que este mes escogerán a qué quieren dedicar su carrera profesional. Yo sólo puedo asegurar una cosa: es duro, pero es lo más gratificante que he hecho nunca.

Josep Tabernero, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Vall d’Hebron.

Lea la noticia completa en El Mundo.es

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