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El científico paciente

El científico paciente Un día, mientras escudriñaba una placa de células a través del microscopio, Ralph M. Steinman vio algo que nunca antes había visto nadie. Era a principios de la década de los setenta de siglo XX, cuando él investigaba en la Universidad Rockefeller, en la ciudad de Nueva York. En ese momento, los científicos seguían reconstruyendo los elementos básicos del sistema inmunitario. Habían averiguado que hay células B, leucocitos que ayudan a identificar a los invasores extraños, y células T, otro tipo de glóbulo blanco que ataca a estos invasores. Sin embargo, desconocían qué era lo que hacía que las células T y B se pusiesen a trabajar en primer lugar. Steinman vislumbró lo que pensó que podía ser la pieza que faltaba: unas células extrañas, con brazos largos y delgados, diferentes de las que había observado siempre.

Su intuición resultó ser correcta. Esas células dendríticas, como Steinman las denominó, se cree que desempeñan una función crucial en la detección de invasores y en el inicio de una respuesta inmunitaria contra ellos. Estas enganchan a los intrusos con sus brazos, los ingieren y los llevan hacia otros tipos de células del sistema inmunitario, «enseñándoles» lo que tienen que atacar. Fue un descubrimiento histórico, que explicaba con un nivel de detalle sin precedentes el funcionamiento de las vacunas y que catapultó a Steinman a los más altos escalafones de su profesión.

En muchos sentidos, la historia de Steinman es la típica: científico brillante realiza un gran descubrimiento que inspira a una nueva generación de investigadores. De hecho, su idea fue notable por sus implicaciones, tanto para la ciencia como para sí mismo.

En síntesis

Ralph M. Steinman fue el primero en describir las células dendríticas, cuya función es clave en la respuesta inmunitaria. Las denominó así por sus ramificaciones arborescentes.

Las células dendríticas, que enseñan a otras células inmunitarias qué es lo que deben atacar, centran ahora el diseño de numerosas vacunas contra el cáncer y el VIH.

Cuando a Steinman se le diagnosticó cáncer de páncreas en 2007, él y sus colaboradores utilizaron estas vacunas en desarrollo para tratar la enfermedad.

Sus compañeros creen que las vacunas le ayudaron a prolongar su vida más allá de lo esperable. Murió justo tres días antes de ganar el premio Nobel.

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