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El cáncer de piel, asociado a otros tipos de tumores

El cáncer de piel, asociado a otros tipos de tumores Haber tenido cáncer de piel no melanoma, como el carcinoma espinocelular o el basocelular, podría aumentar las probabilidades de desarrollar un segundo tumor de otro tipo en el futuro. Así lo revela un estudio que acaba de publicar la revista ‘PLoS ONE’.

Aunque ya hay estudios previos que asocian el historial de cáncer no melanoma con el riesgo de otros tumores, ninguno “ajusta sus resultados con otros factores desencadenantes relacionados con el estilo de vida”, argumenta Jiali Han, principal autor de la investigación y profesor asociado del Hospital de Mujeres Brigham, de la Facultad de Medicina de Harvard en Boston (EEUU).

Para comprobar el hallazgo, salvando dicha deficiencia, un grupo de expertos ha analizado los datos recogidos durante dos décadas (desde 1986 hasta 2008) en dos estudios realizados con 51.529 sanitarios y con 121.700 enfermeras. Tras evaluar el seguimiento médico de estas 173.000 personas, los autores identificaron 36.102 nuevos casos de cáncer no melanoma, tras los cuales aparecieron 29.447 tumores de otro tipo.

“Observamos que, en comparación con las personas sin historial de cáncer no melanoma, el riesgo de sufrir un segundo tumor se incrementaba un 11% en los hombres y un 20% en las mujeres [que habían sufrido previamente un cáncer de piel]“, señala Han. En ellas, estaba especialmente aumentado el riego de cáncer de pecho y pulmón; y de melanoma (el tipo más grave de cáncer de piel) en los dos sexos.

Probablemente, añaden los investigadores, “el cáncer de piel no melanoma y otros tipos de tumores comparten mecanismos moleculares y problemas en el proceso de reparación del ADN y, por lo tanto, la historia de cáncer no melanoma puede indicar más probabilidades de desarrollar un segundo tumor”. Otros estudios apuntan a ciertos marcadores genéticos subyacentes.

Como reza el propio artículo, aunque se trata de un importante estudio prospectivo, “precisamente porque es observacional, hay que interpretar los resultados con cautela. Aún no hay evidencia suficiente como para modificar o cambiar las recomendaciones en la práctica clínica”. Sin embargo, “estos datos subrayan la necesidad de continuar investigando en los mecanismos que se esconden detrás de esta relación”.

Lea la noticia completa en El Mundo.es

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